Diez de la mañana, en camita esperando que se largue a llover mientras regaloneo con mi hija. La noche anterior celebraba con la Ali que nos entregaron las llaves del local para armar nuestra Tratoría. De pronto, mientras estaba calientito bajo las sábanas, suena el teléfono y escucho: "Tamos... vamos saliendo para tu casa. Nos vamos a Las Vizcachas". Abro las cortinas y estaba todo mojado, más el dolor de cabeza concluyo... no pienso ir.
A los dos minutos estaba vestido y listo para partir. Nos juntamos cerca de mi casa. Llave en mano abrimos el portón hacia el cerro y nos fuimos. Buena decisión.
Lo del viaje... genial! Mucha agua y neblina. Los arbustos estaban demasiado mojados que te humedecían los guantes o las zapatillas. Mientras más alto subíamos, una neblina que según cálculos de los ingenieros eran de una visibilidad de 30 mts, nos preocupaba a ratos. Medio en broma y medio en serio nos enumerábamos en voz alta para saber que estábamos todos.
La bajada entretenida, con algo de barro, agua y el pasto verde. Los cuatro OldBikers con cara de niño bajando felices por los senderos y quebradas. Porrazos hubo, pero las risas no faltaron.
Llegamos a la meta mojados como diuca. ¿Por qué ese dicho?.
Don Julio, el mozo del Tucán, restaurante que en los 80 vivió su esplendor y hoy está de capa caída, pero conserva intacta su calidad y calor humano, nos recibió contento y gentil. Nos reconoció y de inmediato llegaron las 4 coronas, machas a la parmesana y una tortilla española que nos ayudó a recuperar las calorías. Acto seguido, nos brindó un brasero debajo de la mesa para calentar y secar las zapatillas y calcetines. Luego llegaron los platos, los tintanes, las tallas, más tintanes, anécdotas del viaje, humillaciones varias y más tintanes...
A eso como a las 6 de la tarde nos vienen a buscar las mujeres. Se tomaron unas cositas con nosotros y de vuelta a la casa. Atrás de la camioneta, de noche y medio dormido, viví esa sensación parecida a cuando los papás te van a buscar a una fiesta de cumpleaños que estuvo increíble y que llegas dormido a casa.
Claramente no subimos el Himalaya o atravesamos Los Andes. Sólo fuimos a Las Vizcachas, pero la transformamos en una verdadera aventura llena de desafíos. Como dice un amigo. En la vida hay que hacer cosas que después puedas recordar. Esta es una de esas.




















